Tu voz

ESTIMADO LECTOR:

Guillermo Ponce Puente nos comparte esta columna sumamente interesante. Haznos saber tu opinión al respecto y no te pierdas sus siguientes publicaciones.
Fanático del cine y la literatura de género fantástico por decisión, videogamer y boardgamer por afición, DJ de closet y escritor de ficción por pasión, investigador e ingeniero por profesión. Twitter: @TivasTheWriter

 

DE COLECCIONES Y NFTS

Por Guillermo Ponce Puente

Estimado lector, quiero que se imagine a usted mismo y desde la comodidad de su hogar, adquiriendo, mediante una página en internet que asegura tener la potestad necesaria, un terreno en la Luna con vista a la tierra o, si prefiere tonalidades más cálidas y rojizas, en el vagabundo rojo, Marte. A partir de ese momento usted ya es el flamante dueño de un lote en alguno de esos cuerpos celestes gracias a un documento virtual que lo certifica como tal.

¿No le interesa el espacio? Lo invito a soñar con la posibilidad de formar parte de la realeza escocesa comprando a través de un sitio web un título nobiliario que lo convierte en Sir, sin la necesidad de vestir un Kilt, solo realice su compra y listo, le enviarán el comprobante correspondiente.

Si he de ser honesto, debido a mi gusto por la ciencia ficción y el género fantástico, ambas opciones suenan interesantes. La razón de ello radica más en una cuestión de estatus que en el beneficio material y la utilidad que pudiese tener alguna de esas comprar. Podría presumir a mis amistades que soy un Lord Scoti que pretende colonizar la luna desde sus tierras ubicadas a orillas del Mar de la Serenidad.

Quiero pensar que las emociones involucradas van de la mano con las que se sienten al adquirir obras de arte originales y únicas, con saber que se es el único poseedor del valioso artículo en cuestión, de un objeto que no podrá repetirse jamás. Si yo fuera dueño de un Renoir, me encantaría tenerlo en mi sala para presumirlo, aunque pensándolo bien, por su valor lo guardaría en un recinto con la seguridad suficiente para mantener segura mi preciada posesión, con lo que ahora únicamente podría presumir a mis visitas la evidencia de mi propiedad a través del certificado y una foto mía posando junto a la pintura.

Ahora, ¿qué tal si le invito a pensar que usted puede adueñarse del meme que circula por toda la web sacando más de una carcajada en que un gato salta desde una ventana? ¿o del video publicado en internet de un futbolista anotando un gol de último minuto en la victoria por el título? ¿Quizá ser dueño de una ilustración digital que ha recibido miles de “likes” en redes sociales?

Quizá le parezca tan extraño como a mí la primera vez que escuché que era posible adquirir un “bien” virtual del que solo yo podría ser el dueño, acción conocida como adquisición de un NFT. Tal vez se haya encontrado con esas siglas al navegar por la web o la ha vislumbrado en algún video, red social o publicidad en línea.

Ahora, vayamos a detalle y por partes. ¿Qué es un NFT? Comencemos considerando que sus siglas hacen referencia a tres vocablos en inglés: Non Fungible Token. Si nos basamos en su definición, un NFT es un objeto no fungible, es decir, que no se desgasta o consume con el uso o con el paso del tiempo.

Ahora, el concepto se utiliza para hacer referencia a “objetos” que, además ser únicos, no desgastan ni se consumen, también se encuentran en el mundo virtual. Ejemplos de esto, además de los mencionados previamente, tendríamos también canciones, videos, imágenes, colecciones y obras digitales, así como cuanto insumo digital usted pueda imaginar, incluso mensajes.

Como dato cultural, le comparto que el primer tweet escrito por Jack Dorsey (cofundador de Twitter) ya tiene dueño, fue adquirido en más de dos millones de dólares en una subasta por un hombre de negocios de Malasia. No podrá colgarlo en su sala y presumirlo, sin embargo, ya puede decir que es el dueño de un mensaje que versa “just setting up my twttr.” (Tan solo configurando mi twttr). ¿Le apetece otro ejemplo? Un video de menos de doce segundos que muestra a Lebron James realizando una canasta, fue vendido en poco más de doscientos mil dólares.

También puede usted hacerse con la imagen “original” de un meme que ya cuenta con una cantidad impresionante de réplicas, como el de la pequeña Chloe que aparece haciendo un gesto de desaprobación levantando una ceja mientras está sentada en un asiento para infante en el vehículo de sus padres. Tener el original le resultó sumamente importante a alguien como para desembolsar varios miles de dólares por esta foto digital en una subasta.

Finalmente, esa es la intención de los NFT, asegurar que, sin importar que en la web haya millones de copias, usted es el dueño del bien digital original, similar a lo que sucede con la Gioconda, podrá encontrar decenas de réplicas en la tienda de souvenirs del Museo de Louvre (además del sinnúmero que hay alrededor del mundo en muros, libretas, etc.); sin embargo, solo una es la que realmente pintó Da Vinci.

Ahora, es aquí donde todo esto se pone aún más interesante. Seguramente ya notó un pequeño detalle dentro de lo que le he comentado. En realidad, lo que se obtiene al adquirir un NFT no es el objeto virtual para tenerlo en su posesión.  En su lugar, lo que recibe es un certificado de propiedad que garantiza que usted es el dueño del objeto que se encuentra ubicado en determinado lugar de la red. No podrá colgarlo en el muro de su departamento, pero sí podrá estar seguro de que ese GIF que se encuentra alojado en algún servidor del otro lado del mundo, es totalmente suyo y de nadie más, al menos mientras el servicio se encuentre activo.
Sí, lo sé. Alcanzo a identificar su expresión ante la última frase que me aventuré a incluir en este texto: “al menos mientras el servicio se encuentre activo”. 

Interesante, ¿verdad? Regresemos al ejemplo en que usted es dueño de una obra de arte que está resguardada en un museo. Todo bien hasta ahí. ¿Qué tal si se desata un incendio y se pierde todo lo que estaba dentro del recinto cultural en que mantenía segura su obra? Lo único que le quedaría sería el gusto de haber sido el dueño de esa pintura mientras existió, además de un papel que le certificaba como dueño de dicha pieza.

Traslademos eso mismo al mundo virtual e imagine qué podría pasar si el servidor en donde está alojado el NFT que usted posee, deja de funcionar por la razón que usted guste: desaparece quien tenía contratado el dominio, los servidores son cambiados de lugar y ahora cuentan con otra dirección, la empresa o persona responsable desaparecen, etc. Recuerde que lo que garantiza su propiedad es un certificado que hace referencia a una ubicación en la red. Si esta cambia o deja de funcionar muy seguramente usted se quedará igual que en el ejemplo de la pintura y el incendio, solo con la satisfacción de haber poseído virtualmente algo que ahora ya no se sabe dónde está. La ventaja del escenario de la pintura con respecto al token no fungible es que muy seguramente el museo tendrá un seguro con el que podrá recuperar su inversión, mientras que en un NFT, ante la poca regulación que hay al respecto, muy seguramente no lo habrá.

Tal vez solo estoy siendo demasiado pesimista y el romanticismo que me genera atesorar objetos tangibles pesa demasiado sobre este texto. Lo que es cierto es que los NFTs se han convertido en un mercado muy lucrativo, tanto que, tan solo en el año 2021, el mercado de NFTs generó ventas de poco más de veinticinco billones de dólares.

Ahora le corresponde a usted, apreciable lector, formarse una opinión al respecto. Cuénteme qué opina al respecto y, si se decide a comprar alguno, compártame el caso, quizá me convenza de hacer lo mismo, estoy seguro que debe haber NFTs de Star Wars en algún lado. 

 

Referencia de imágenes

The Digital Artist (sf)
Recuperada de https://pixabay.com/es/illustrations/token-no-fungible-nft-blockchain-6850539/ (imagen publicada bajo licencia Creative Commons de Atribución-No comercial Genérica 2.5 de acuerdo a: https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/mx/).

Rubí Flórez (2010)
Recuperada de https://www.flickr.com/photos/rubilina/5291235485 (imagen publicada bajo licencia Creative Commons de Atribución-No comercial Genérica 2.5 de acuerdo a: https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/mx/)