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ESTIMADO LECTOR:

Guillermo Ponce Puente nos comparte esta columna sumamente interesante llamada Una esclavitud de propia mano.

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Por Guillermo Ponce Puente

Fanático del cine y la literatura de género fantástico por decisión, videogamer y boardgamer por afición, DJ de closet y escritor de ficción por pasión, investigador e ingeniero por profesión. Twitter: @TivasTheWriter

Recuerdo aquel momento en que me asignaron un teléfono Blackberry en un empleo que tuve hace algunos años. El hecho de que mi jefe quisiera estar en contacto conmigo en todo momento, me hizo sentir importante al grado que mi satisfacción se desbordaba por los pliegues que se formaban en mis hinchados cachetes al sonreír ante la responsabilidad y el estatus que estaba alcanzando.

Sobra decir que solo bastaron un par de meses para que descubriera en carne propia el origen del nombre de aquel aparatito. Sin duda se había convertido en esa bola de acero negra a la que ahora me encontraba atado por una imaginaria y, a la vez, pesada cadena que llegaba hasta el grillete que conformaba mi responsabilidad desmedida.

En aquellos días, no tenía opción, y debía mantenerme cercano a ese souvenir que ahora era una herramienta básica para cumplir con mis obligaciones laborales, hecho que lo convertía en algo ineludible si quería mantener mi empleo.

Así estuve algunos años hasta que cambié de empleo y pude cortar ese lazo. Recuerdo la felicidad que me produjo entregar ese artilugio de comunicación que permitía recibir llamadas, responder mensajes, recibir y responder correos electrónicos, entre otras cosas más. Había conseguido mi libertad o al menos eso creía.

Sí, eso parecía, porque ahora descubro que he cambiado de grilletes, pues hay momentos en que siento que no puedo avanzar, crear, decir o, incluso, hacer, si no estoy conectado o utilizando determinado gadget.

Ir a comer o salir sin mi teléfono me puede producir la angustia suficiente como para tener que regresar a buscarlo para no perderme cualquier mensaje, aun cuando no esté esperando algo en particular, mucho menos algo importante. Quedarme sin WiFi se convierte en una tragedia si no tengo datos disponibles para consultar información que perfectamente bien podría revisar en cualquier otro momento. Y mi lista puede seguir.

Es así que he descubierto que, efectivamente, soy un esclavo de la tecnología que ahora tengo a la mano, con un pequeño, pero desafortunado detalle que quizá hace la diferencia y que al mismo tiempo es la solución, que es totalmente intencionado, soy esclavo por voluntad propia.

Claro que no pretendo satanizar a todo avance tecnológico del que dispongo, al contrario, su utilidad me ha llevado a resolver problemas, cerrar tratos, contactar a distancia y una buena cantidad de soluciones que ha tenido mi vida gracias a su uso. El asunto es que no siempre es tan crítico o necesario el estar pegado a ello y, aun así, soy yo quien ha decidido que así sea.

Y ahí es donde radica la solución que menciono, el que sea intencionado me permite decidir, establecer si realmente el uso es necesario en ese momento o no y aplicar ese dicho popular que, al menos para este caso, contiene sabiduría desde mi punto de vista: “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le alumbre”.

Quizá sea momento de decidir si es conveniente para mí el seguir colgado de un servicio de mensajes instantáneos o, tal vez, lo mejor sea tener contacto visual y entablar conversación de viva voz con quien está sentado frente a mí. Tal vez sea más provechoso dejar el juego en línea que tengo instalado en mi teléfono inteligente y alimentar mi imaginación con un buen libro. Incluso puede ser más seguro para mí (y los que me rodean) el dejar que los mensajes lleguen y poner atención en conducir mi auto.

Probablemente así los años no me pasen de largo al alimentar solo una vida virtual y entonces pueda disfrutar lo mejor de ambos mundos, el real y el imaginario que me permiten la conectividad y las redes sociales. Después de todo, la tecnología disponible no es más que una herramienta para satisfacer una necesidad más allá de un sustituto de vida. Ya luego les contaré cómo me ha ido.

Muchas gracias por tu confianza para permitirnos adentrarnos en este maravilloso mundo de la ciencia y la tecnología. Recuerda que también nos puedes escribir a revistatecnotrend@delasalle.edu.mx, si quieres que tu comentario sea publicado en el siguiente número de nuestra revista.

 

 

Referencia de imágenes
Markus Spiske (2016)
Recuperada de https://unsplash.com/photos/xekxE_VR0Ec (imagen publicada bajo licencia Creative Commons de Atribución-No comercial Genérica 2.0 de acuerdo a: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/).
Glenn Carstens-Peters (2017)
Recuperada de https://unsplash.com/photos/npxXWgQ33ZQ (imagen publicada bajo licencia Creative Commons de Atribución-No comercial Genérica 2.0 de acuerdo a: https://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/).