Vivencias

Por Marisol Pérez Servín

 

“El bien común debe de prevalecer. De repente en los perfiles técnicos nos volvemos un poco impersonales y perdemos sensibilidad. Hay que reflexionar que no todo es código, que no todo es tecnología. Es necesario atacar necesidades de índole social desde nuestro saber”

 

Su profesión es desarrollador de software, su pasión son las redes y su vocación, la docencia. José Luis Rosas Peimbert, maestro de la Universidad De La Salle Bajío por casi 20 años, se ha convertido en un referente para sus alumnos no solo por el nivel de conocimientos que tiene, sino por el amor que demuestra a su profesión día con día.

Desde 1998 se incorporó a colaborar en Gobierno del Estado de Guanajuato, donde ha permanecido hasta la fecha. En primera lugar, ingresó a una dependencia llamada Instituto de Educación Permanente, para, posteriormente, continuar en el Sistema Estatal para la Vida y el Trabajo, hoy ambas instancias desaparecidas. Enseguida dedicó varios años de su vida al área de Desarrollo Económico, para, finalmente, ser parte de la Dirección de Tecnologías de la Información.

“Estando en Desarrollo Económico y tras el cambio de Gobierno me toca salir en diciembre de 2018. Pero pronto regresé, en enero de 2019 me incorporo a la Dirección General de Tecnologías de la Información como Arquitecto de Tecnologías de Información. Esta dirección es la que rige a todo el Gobierno del Estado de Guanajuato en lo que respecto a las TI”.

Declarado como un enamorado de su profesión, y convencido de que estudiar Ingeniería en Computación y Sistemas ha sido la mejor decisión de su vida, no se imaginaba en ese momento la trascendencia y el impacto  que hoy día tienen los desarrolladores de software en nuestro entorno:

“Llegué a la carrera por casualidad. En una de las explanadas de la Universidad hay una frase que dice ´Adoro en todo, la forma en que Dios ha conducido mi vida´. Esa frase, cada vez que la leo, pienso que aplica en mí perfectamente.

Yo llevé en secundaria un taller en electrónica, estudiaba en lo que era el Distrito Federal; entonces, mi papá fallece y mi mamá decide venir a vivir a León, con mis abuelos. Yo estaba perfectamente claro que quería estudiar Ingeniería en Electrónica; estudio la preparatoria, me meto al área de Físico-Matemático y ya en la Universidad me inscribo en esa carrera. Y cuando llevé la materia de Lenguajes de Programación I, impartida por Enrique Rodríguez Cázares, me enamoré de esa clase. Yo nunca había tocado nada de código ni tocado una computadora, pero algo despertó en mí esa asignatura; es más, la electrónica se me olvidó”.

Siempre agradecido por haberse encontrado en su camino con el Mtro. Enrique Rodríguez Cázares, también trae a su mente al Mtro. Juan Carlos Amezcua Fonseca y al Mtro. José Antonio Sánchez Flores como emblemas y modelos a seguir durante su formación profesional.

Al hablar de su otra faceta profesional como docente, de manera inmediata surge una sonrisa en su rostro, asegurando que uno nace con disposición a enseñar. Entiende que este compromiso asumido para estar frente a grupos de alumnos le ha ayudado a seguirse preparando, pero también reconoce que ha aprendido más de sus estudiantes, de lo que él podría enseñar. Y aunque no fue una oportunidad que buscara directamente, cuando llegó la posibilidad, decidió asumir el reto.

“Mi inicio en la docencia fue muy curioso. Se estaba abriendo la especialidad en Teleinformática y Redes, aquí en la Universidad, y necesitaban maestros. Yo estaba con mi compañero Abraham Iracheta (quien me recomendó en su momento para ingresar al Gobierno de Guanajuato) y sonó su teléfono donde escucho que declina algo que le ofrecían. En seguida, sonó el celular del compañero que estaba detrás de mí, Salvador Lozano, quien también dice que no está interesado a aceptar algo que le ofrecían. Yo no sabía de qué, en eso suena mi teléfono y era el Ing. Suástegui, ex Director de la Facultad de Tecnologías de Información, y yo me aventé. Me animé porque no me consideraron a mí en primera instancia. En la carrera fui muy serio, yo creo que nadie daba una libra por mí para que fuera docente. Y lo tomé como reto y a partir de ahí entré a impartir clases de Posgrado. Siempre me ha gustado enseñar, recuerdo que cuando yo era estudiante cuando alguien no sabía, aunque no me pidieran ayuda, yo le decía: si quieres yo te ayudo a estudiar”.

El Mtro. Peimbert nos comparte que su generación le ha tocado adaptarse a  lo surgido tecnológicamente, pues desde el momento en que estudió a la época actual, todo se ha revolucionado impactando en todas las esferas, tanto de manera individual, como social, cultural, económica, política y, por supuesto, empresarial.

“Ahorita las tendencias son Internet de las Cosas, Big Data, Data Science, inteligencia artificial. Las empresas que no tengan eso, van a perder una ventaja competitiva fuerte”

Dentro de las reflexiones que realiza, nos comparte su percepción sobre la relación entre los desarrolladores de software y los artistas. Pues para poder desarrollar es necesario crear en un lienzo en blanco hasta transformarlo en una pantalla. El límite, asegura, es la imaginación.

“Tenemos un pensamiento sistémico donde en nuestra mente vamos acomodando las cosas y ahí es donde empieza todo el desarrollo, en la mente. Sin poner una línea de código, tú estás escuchando la necesidad y están pensando en pantallas, no estás pensando en códigos, estás pensando en la funcionalidad, en las pantallas, en los botones… Y ya cuando tienes claras la necesidad y la pantalla, es cuando surge en lienzo blanco, el código. Tus programas se vuelven como tus hijos, los quieres, los mantienes, los mejoras y buscas siempre la perfección.”

Y como artista que es, siente muchísima afición por la música y el baile:

“Me encantaría ir a clases de baile y aprender todos los ritmos. Si me gusta una canción la escucho, sin importar el género. Ahora bien, si estoy programando necesito música movida y que me entusiasme.  Si necesito pensar, me gusta la música clásica; me fascina la canción Nessum Dorma con Pavarotti. No sé qué tiene, pero me encanta; me gusta Vivaldi y sus violines. Si me quiero tranquilizar pongo a Mozart”.

Multifacético, entregado, dedicado y siempre dispuesto a colaborar, el Mtro. José Luis Rosas Peimbert ha trascendido en la vida de muchos alumnos y colaboradores. Su experiencia profesional y su integridad como persona, continúan aportando valor a la vida de todos los que tenemos oportunidad de coincidir con él.